

Biografia
Poeta chileno nacido en Parral en 1904.
Huérfano de madre desde muy pequeño, su infancia transcurrió en Temuco donde realizó sus primeros estudios.
Aunque su nombre real fue Neftalí Reyes Basoalto, desde 1917 adoptó el seudónimo de Pablo Neruda como su verdadero nombre.
Escritor, diplomático, político, Premio Nobel de Literatura, Premio Lenin de la Paz y Doctor Honoris Causa de la Universidad de Oxford, está considerado como uno de los grandes poetas del siglo XX.
Militó en el partido comunista chileno apoyando en forma muy decidida a Salvador Allende.
De su obra poética, se destacan títulos como «Crepusculario», «Veinte poemas de amor y una canción desesperada», «Residencia en la tierra», «Tercera residencia», «Canto general», «Los versos del capitán», «Odas elementales», «Extravagario», «Memorial de Isla Negra» y «Confieso que he vivido».
Falleció en 1973.
Un poco de historia.
En marzo de 1945, Neruda es elegido Senador de la República por la zona norte del país. Luego, en los inicios de 1948, es desaforado por una acción del gobierno que inicia una persecución contra los comunistas declarándolos fuera de la ley.
El poeta permanece clandestino en Chile durante más de un año, cambiando de domicilios continuamente, en compañía de Delia del Carril, hasta que cruza la Cordillera de los Andes hacia Argentina, a caballo, reapareciendo en abril en París, en medio del Congreso de la Paz de 1949, cuando el gobierno chileno decía que estaba a días de dar caza al prófugo. Es el momento en que la figura de Neruda tomará un relieve internacional.
Ese mismo año viaja a México, donde publica Canto general en la edición ilustrada por Siqueiros y Diego Rivera. Su estadía se alarga por culpa de una flebitis. Allí reencuentra a Matilde Urrutia, con quién había tenido un fugaz romance años antes en Santiago. Este amor clandestino continuará en Europa, donde ocurre esa ya mítica estadía en Capri, y seguirá cuando vuelve a Chile en agosto del año 1952.
Los entreveros de este amor precisaron de un sinnúmero de estrategias y redes de protección que construye Neruda para que esta relación se mantenga en secreto, y una importante es la compra de una pequeña casa en los faldeos del cerro San Cristóbal, en el barrio Bellavista, un barrio cercano al centro de la ciudad, pero separado por el río Mapocho, barrio que siempre mantuvo una identidad de pueblo aparte, especialmente tranquilo, lugar de talleres de artistas y con un halo bohemio –hoy es eso, pero en el modo atractivo turístico– y muy lejos del que era su domicilio oficial, la casa de Michoacán.
Neruda bautizó esta nueva casa como La Chascona –palabra quechua que significa “pelo desordenado” o “despeinada”, de uso común en Chile– uno de los apodos con que el poeta se refería a Matilde.
La casa se compra en noviembre de 1952, era un terreno en pendiente, de unos trescientos cincuenta metros, por donde atravesaba un pequeño canal. El ruido del agua fue uno de los acicates para elegir ese sitio. Con todas las prevenciones de las circunstancias, en 1953 Neruda le pide a su amigo arquitecto, Germán Rodríguez Arias, los planos para una casa. Los planos fueron discutidos largamente, se dieron varias vueltas a la propuesta, y finalmente Neruda lo cambió por completo, giró la ubicación, significando menos luz y muchas escaleras, justamente lo que él quería. Pero se trataba, al comienzo, de una pequeña vivienda de 100 metros cuadrados, así y todo, durante la construcción fueron muchos más los cambios, y los muros se transformaron en ventanales.
En febrero de 1955 Pablo Neruda se separa de Delia del Carril, y llega a vivir a La Chascona, donde ya se había instalado Matilde desde hacía aproximadamente un año. Formalizada la relación, comenzaron las ampliaciones, y la compra de un terreno aledaño. Entonces, hacia 1958, la casa es tal como la conocemos ahora, tres grandes volúmenes separados, en pendiente, unidos en el espacio exterior por escaleras y terrazas, todo en formas irregulares, distintas alturas y materialidades, actuando la vegetación como un elemento unificador. Difícil hablar de una lógica, de una preocupación por el vivir cotidiano, si pensamos, por ejemplo, que el salón está a muchas escaleras y terrazas del comedor.
A la muerte de Neruda, esta casa sufrió un ataque de vandalismo por parte de las fuerzas militares, la casa fue inundada por su propio canal, y a pesar de ese estado, y por dejar un testimonio de estos hechos, acá se realizó el velatorio, y desde acá salió el cortejo hacia el cementerio. Acto que se constituirá en la primera manifestación pública de repudio al golpe militar.
El amor entre Pablo y Matilde, anotado en tantos poemas del poeta, iniciados en Los versos del Capitán, queda de manifiesto en esta casa de manera concreta en las rejas de las ventanas en que se entrelazan las letras P y M.
El recorrido a esta casa de extraña contextura se inicia por el bar continuo al comedor, donde comienzan a asomar las colecciones de pintura, más que nada bodegones antiguos, y algunos cuadros representativos de artistas chilenos, muchos de los cuales trabajaron con él ilustrando sus poemas. El bar pertenecía a un antiguo barco francés, cuya cubierta es de peltre; el comedor, una mesa angosta y larga en una sala con un techo de barco que termina en una pequeña puerta, casi secreta, que da acceso a una escalera de caracol, muy estrecha, que lleva a un dormitorio.
En otro de los espacios de la casa está el salón, donde está el famoso cuadro que Diego Rivera pintara de Matilde en que escondido en su pelo está el perfil de Neruda, cuadro pintado en un viaje a Chile de Rivera en 1953, y dos obras de Fernand Leger, quién también realizó ilustraciones para la edición francesa de Canto general.
Sobre el salón está el dormitorio de Pablo y Matilde. Luego de subir escaleras y pendientes, antes del tercer volumen se encuentra otro bar que está repleto de figuras pintorescas, colecciones diversas, zapatos gigantes, todo puesto a modo de entretención y juego. Y luego la biblioteca y el escritorio, donde se pueden revisar las condecoraciones y premios recibidos por Neruda, incluyendo, desde luego, la medalla del Premio Nobel.
Repartidos por la casa, se encuentra una colección curiosa que apasionó a Neruda. Son objetos de diversa índole: bandejas de distintos tamaños, mesas, cubos, biombos, paragüeros, platos, copas e individuales para mesas, todos con el sello de la original creatividad del diseñador Piero Fornasetti, que hicieron furor a mediados de los años cincuenta. De la amistad con Fornasetti, quedan cartas en que se prometen colaborar en la publicación de libros en que se unan ambos talentos, pero, desgraciadamente, nada de eso llega a ocurrir.
Además, algunos objetos que corresponden a artesanía típica chilena, especialmente figuras en greda negra de Quinchamalí, que por los tiempos en que Neruda las compró y atesoró, no eran en absoluto valoradas, e impensadas como objetos de decoración. Este aporte de Neruda en cuanto al rescate de lo chileno, que está tan presente en su poesía como en el detalle señalado –del que hay muchos otros ejemplos valiosos– constituye parte importante de lo que la persona de Neruda ha devenido en el imaginario nacional, algo que podríamos explicar como el agradecimiento implícito hacia quién ha jerarquizado y puesto en valor aquello que correspondía a lo más popular y humilde, y por ello, relegado, dejado fuera del buen gusto establecido y aceptado como tal.
Ese mismo valor lo encontramos en su obra en lo referido a aquello básico, a la comida, por ejemplo, que se despliega en las Odas elementales, evidenciando la belleza y secretos de la sencillez.
De su obra, queremos destacar la que tal vez sea su mas hermosa poesía:
POEMA 20
Puedo escribir los versos más tristes está noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Fuente de información
http://amediavoz.comneruda.htm#POEMA%2020...%20PUEDO%20ESCRIBIR%20LOS%20VERSOS%20MC3%81S%20TRISTES%20ESTA%20NOCHE...
Imágenes
http://www.fundacionneruda.org/imagenes_chascona.htm